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"Felices 401. Por otros tantos más, Don Pablo"

Cada uno de nosotros, aficionados a este gran Real Madrid de baloncesto de nuestras entretelas, comenzamos a sentir la pasión por el noble deporte de la cesta y estos colores en un momento distinto, bien por edad, bien por avatares de la vida. Quizás algunos iniciaron su madridismo cuando pisaban el parquet del viejo pabellón de la Ciudad Deportiva Sevillano, Emiliano, Luyk, Brabender...

Otros nos enganchamos a este maravilloso club y deporte con Cabrera, Rullan, Corbalán, los hermanos Martín, Itu, Romay... o con Sabonis, Arlauckas, Santos, Petrovic, Biriukov... Y los que más mérito tienen quizás, son los que lo hicieron en la más oscura etapa de nuestra última época, la de la famosa travesía del desierto. Pero lo que está claro como el sol de mayo si no hay alguna tormenta ese día, es que el pasado más brillante y reciente, el presente triunfal que estamos disfrutando en cuanto a títulos y juego, y el futuro más ilusionante, han estado, están o estarán iluminados por la luz que emite nuestro entrenador.

D. Pablo Laso Biurrún, lleva seis temporadas con esta que nos ocupa, dirigiendo con maestría a un ramillete de jugadores de altísimo nivel, elegidos por él y la Secretaría Técnica de la sección, Sánchez, Herreros y Angulo realizando una labor colosal con la cantera. Durante este tiempo, D. Pablo ha estado asistido por técnicos del nivel de Hugo López, Jota Cuspinera, Zan Tabak, o los actuales Chus Mateo, Paco Redondo, el maestro de Luka… ayudantes de lujo, confidentes, compañeros, amigos. Labor de equipo. Equipo de muchos quilates. Laso podría haber elegido una u otra forma de entender el baloncesto, pero decidió que es más divertido correr, anotaciones altas y dar espectáculo, que racanear con el tiempo y el marcador, a ver quién racanea más. Por ello somos legión los que le admiramos y le estamos agradecidos por el espectáculo que nos ofrece y que engullimos con delectación.

Desde que Laso salió en 1997 como jugador y hasta su segunda llegada al club, en junio de 2011, el Madrid solo ganó cuatro trofeos. 14 temporadas de hambruna casi crónica, salpicada por la Liga de Scariolo en 2000, la de Bozidar Maljkovic en 2005, con el triple de Herreros en Vitoria, y el doblete de Liga y ULEB de Joan Plaza en 2007. En poco más de cinco campañas, el Laso entrenador ha conquistado 12 títulos y ha disputado 16 finales sobre 22 posibles.

Su equipo ha ganado 311 partidos: 168 en casa, 120 fuera y 23 en cancha neutral; y ha perdido 89: 59 a domicilio, siete en territorio neutral y tan solo 23 como local. Dice Don Pablo que llenar el WiZink Center es otro título, que no cuenta, pero que él considera como una victoria más. Así concibe él este espectáculo. En especial, recuerda con cariño la ovación del Barclaycard Center tras el 3 - 0 ante Fenerbahce (el único equipo que ha barrido a la escuadra de Laso en cinco años y pico, en un momento de agotamiento físico y mental de la escuadra blanca) la temporada pasada. Para Pablo, la peor derrota, posiblemente sea aquella Liga ganada por el Barcelona en al Palau con él expulsado y saliendo en silla de ruedas al haberse roto el tendón de Aquiles unas fechas antes.

Aquella imagen del gran coach saliendo de la cancha nos partió el alma blanca. Se especuló por aquellos días con su salida del club. Craso error hubiera sido, visto lo visto. Laso dice que desde que llegó al club para hacerse cargo del vestuario, consideró el pabellón donde disputaba su equipo los partidos como local, como su casa, la del equipo. Reconoce la labor del club por mejorar la sección y por haber conseguido incorporar a jugadores importantes. También destaca que el juego practicado por el equipo, el estilo que él decidió, ha conseguido que el público se enganche a este ramillete de malabaristas del balón. Es algo que le enorgullece.

Reconoce que la labor de la afición, el apoyo incondicional de los asistentes a los partidos es una pieza clave para el Madrid. Laso es tan humilde, que pone como ejemplo de las críticas al preparador físico del equipo, Juan Trapero, al que llama “Dios”. Bromea con el hecho de que si se critica a Juan, con lo grande que es… como para no lloverle los palos a él mismo. Algún día llegará el fin de su estancia en el banquillo madridista, nadie es eterno en su cargo y el desgaste, las derrotas o la ausencia de títulos serán su puerta de salida. Nadie es eterno… pero visto lo visto y disfrutado lo disfrutado: si me pudieras escuchar, mi admirado Pablo, sólo me quedaría decirte que ojalá lo fueras, que nunca te marcharas, que siempre disfrutáramos de la compañía de espectáculos del Real Laso. Felices 401 partidos ya D. Pablo. Por muchos que vendrán. Gracias por hacernos amar más aún el baloncesto."

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