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“Porque nadie resiste tus ganas de vencer”

Ayer fue una de esas noches épicas del Bernabéu. Y es que “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”. Hoy, después de la euforia vivida, no me voy a centrar únicamente en el fútbol. Hasta me puedo permitir hablar en primera persona. A las 19:30 de la tarde empezaba a arder la Castellana. Acceder en coche era prácticamente imposible. Todo el mundo esperaba que aparecieran los nuestros. El autobús del Real Madrid capitaneado por Zidane. La ovación a su llegada fue atronadora.

En el campo ya sonaba el himno de la décima, la motivación y las ganas no cesaban. Las ganas del partido, los nervios y la fé en el Real Madrid nos amparaban. Todo madridista quería copar un lugar en el Bernabéu. Fuimos el jugador número 12, había que empujar y callar bocas. Precisamente eso hicieron algunos jugadores sobre el terreno de juego.

El más visible fue Cristiano Ronaldo con los tres chicharros por los que hoy estamos en las semifinales de la Champions League. Después le siguió Benzema que no quiso perder la ocasión de demostrar que puede ser letal. Pero quién siempre habla en el campo, el que defiende el escudo, el homólogo en el campo de Arbeloa, el canterano: Daniel Carvajal. Uno de los mejores laterales del mundo, a un nivel extraordinario en todos los sentidos. Tenerle en el banquillo no sale a cuenta. Muchos madridistas lo concebimos como el próximo capitán.

Cabe destacar a keylor Navas, ese portero que llegó del Levante, al que se quiso cuestionar en el mercado de Invierno. Bendito fax ese que no llegó. El nivel del costarricense es espectacular. Parte del tercer gol fue mérito suyo. Cuando todos creímos que lo iba a lanzar él y el equipo iba a sufrir atrás, sacó su mejor arma, su consejo a su compañero.

Zidane está cultivando un gran grupo. Modric se marchó ovacionado, no hubo acción que el Bernabéu no celebrara. Un partido mágico, tirando de épica, de casta y de corazón. Porque el público madridista es muy crítico, ellos sabían que debían hacerlo bien.

Las lágrimas al escuchar el pitido final eran verdaderas, volvimos a sentirnos como hace dos semanas en el Camp Nou, como en Lisboa, como en Hampden Park…

Ser madridista es algo que no se puede explicar. De aquí esta reflexión descompensada. Porque esa descompensación refleja las emociones de ayer de los madridistas. Porque formamos parte del mejor equipo del mundo y nos ampara un escudo con una historia y unos valores incomparables: “Historia que tú hiciste, historia por hacer”

¡ Solo puedo gritar con orgullo: Gracias Papá por hacerme madridista!

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