FUTBOL INTERNACIONAL

SALA DE MÁQUINAS ALEMANA

Si bien el FC Barcelona, equipo catalán y español siempre ha tenido querencia por los jugadores holandeses, el Real Madrid nunca se ha centrado en una nacionalidad concreta, por él han pasado argentinos, brasileños, chilenos, serbios, croatas, montenegrinos, y así un largo etc... dando a entender la internacionalidad de la entidad.

 

 

En algunos círculos se le otorga, falsamente, a la ciudad Condal, el título de ciudad aperturista y cosmopolita, poniendo a Madrid poco menos que como un páramo del medievo. Pero los dos clubes que dominan estas moles humanas demuestran que no es así, un prejuicio más de los que domina en el fútbol, como el del “seny”, el mismo que se puso en práctica, por ejemplo en las semifinales de la Copa de Europa de 2010 cuando el Inter se clasificó para una final después de 38 años, y los empleados del Barcelona, en un alarde de “valors”, pusieron los aspersores para expulsar a los chicos de Mou del césped.

Tras aclarar unas medias verdades, muy bien arropadas por dos medios que rayan el “fan-cinismo” y una sociedad semisectaria, vayamos a lo importante, el producto alemán en el Real Madrid. Ya en los años 70 en Concha Espina se confiaba en la fuerza y la clase de la llamada Escuela Alemana, aquel modo de mover el balón, de tirar a puerta y de presionar que puso sobre todo en práctica el Borussia Monchengladbach de Heiis Weiisweiller con jugadores como Netzer, que ficharía por el equipo merengue o Bonhoff que lo haría por el Valencia. Otra variante de la escuela teutona para la medular es la de la fuerza, que sumada a la llegada al balcón del área hacia que estos jugadores fueran muy solicitados. Casos como Breitner, del Bayern de Munich, que ahora juega a tener el 89 % de la pelota, que se dice ahora, practicaba de aquella un fútbol más vertical, digamos a arreones. Aquel barbudo maoísta con un recorrido increíble supo explotar en Madrid sus virtudes a conciencia.

Un poco más tarde, llegaría Uli Stilike, internacional ya con la RFA a principios de los 80. Jugador de carácter incendiario era mas que sabida su enemistad con Juanito, y sus duelos “gladiadorescos” con el Inter en aquellas épicas eliminatorias ochenteras. Tras unos años de abstinencia germana, llegó al Real Madrid, Bernd Schuster, para mi, junto a Mathaus, la quinta esencia de la escuela alemana, que años más tarde desarrollaría Effemberg. El rubio Bernardo era todo calidad y toque, sus córners o faltas laterales iban a la cabeza del compañero, sus cambios de juego parecían realizados con un taco de billar, y sus faltas, simplemente eran pases a la red.

Si bien, en estos últimos años han pasado por el Madrid jugadores teutones como Illgner, Metzelder, y medio alemanes como Ozil y Khedira, que sigue de momento, el fichaje de Toni Kroos, me recuerda a aquellos mediocampistas de recorrido, cincuenta metros, que movían al equipo, te ponían los balones parados donde se les antojaba y cuando llegaban a la frontal del área con el balón era medio gol porque su disparo, al menos, a puerta iba.

Parece que en Concha Espina confían de nuevo en la sala de máquinas alemana,que tan buenos resultados les ha dado. Espero que os guste mi humilde análisis.

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