EUROLIGA BALONCESTO

Mi previa Final Four2017 Estambul.

Laso y LlullNos encontramos en los días previos a una nueva edición de esa montaña rusa adrenalínica que es siempre una final a cuatro. Este formato, con sus defensores y detractores, no deja de ser un evento apasionante, el más importante en el mundo de clubes, y que tan buen sabor de boca deja a los vencedores, no tanto a los vencidos, obviamente.

 

Nuestro Real Madrid en los últimos años ha estado presente con asiduidad, si bien el culmen llegó en estas fechas pero de hace dos años, cuando nuestro equipo demostró su supremacía en Europa, venciendo en la capital de este nuestro reino, y levantando la Novena. Esa fue la temporada perfecta, la “perfect season” que llaman los del país que vio nacer al inventor de este sagrado deporte, de una cesta de melocotones al aro retráctil. De la pared de un polideportivo a un tablero de metacrilato. De James Naismith a Pablo Laso.

 

La temporada pasada no alcanzamos esta final a cuatro porque el equipo no encontró las condiciones ideales durante gran parte de la campaña para encontrar su nivel, su ritmo. Un verano duro de campeonatos impidió a tres cuartas partes de la plantilla descansar, lo que unido a la celebración de la Copa intercontinental en fechas y formas descabelladas, terminó de rematar a un bloque que gracias a las manos sabias de Don Pablo y su fantástico equipo de colaboradores, cazó la Copa del Rey, la Liga ACB en un momento culmen de forma física y mental del bloque, y uno de los trofeos más queridos por Laso, ese hombre menudo, entrañable que nos devolvió al status del que nunca debimos caer, y donde Ferrándiz o Lolo nos colocaron en otras eras: el reconocimiento del madridismo cuando los turcos de amarillo y negro nos eliminaron por 3 a 0 en una serie dura, en la que se mostraron netamente superiores en lo físico. Nuestro equipo estaba fundido, ni el espíritu irreductible de cada jugador pudo lograr la gesta. Aquella derrota endulzada por el cariño del entonces Barclaycard Center sirvió como punto de partida para un cambio de tercio triunfal.

 

Desde entonces el Madrid se ha subido a lo más alto, verano mediante, de la palestra nacional y europea. Ha logrado con solvencia terminar como primero la regular Season en la primera Euroliga del todos contra todos, algo muy de alabar, cuando hay gigantes como los que se van a medir contra nuestros chicos en unos días, además de otros venidos a menos, el F.C. Barcelona o el siempre temible Saski Baskonia. Hasta el imbatible aparentemente CSKA tuvo que claudicar ante el empuje de Llull, Doncic, Randolph, Ayón, Felipe y resto del plantel galáctico de que disponemos, con Don Pablo a la cabeza. El autor, con  la inestimable colaboración y apoyo de Herreros, Sánchez y Angulo desde el horno. Don Pablo, el autor de este Madrid de ensueño que juega bonito, el que ha conseguido, ahí es nada, 1 Intercontinental, 1 Euroliga, 3 Ligas Endesa, 5 Copas, las últimas 4 de forma consecutiva (tremendo), y 3 Supercopas de España consecutivas. En Liga Endesa, más de lo mismo, pero entre unos y otros logros, levantamos la Copa al encontrarnos en un pico de forma planificado por el staff técnico y Juan Trapero a la cabeza.

 

Por supuesto, hemos sufrido derrotas porque ni nosotros ni ningún equipo en la historia del deporte ni del baloncesto, somos invencibles, pero la inmensa mayoría de ellas carecían de importancia. No en vano estamos en lo más alto en las dos competiciones en liza y ya hemos conquistado la única de campanillas que se jugó. Hay posibilidades, altas diría yo, de levantar las tres grandes copas. No será fácil el reto que la capital otomana nos plantea.

 

Por quinta vez en siete años tenemos ante nosotros la posibilidad de traernos el trofeo más preciado. Pero un Fenerbahce enrabietado por Obradovic y amparado por la ruidosa afición local, será el punto de partida para escalar esta complicada dificultad. En la final, tengo fe en que estaremos allí, nos esperarán Olympiakos o CSKA, y aunque todos vemos como claros favoritos a Teodosic, De Colo y los suyos, esto es deporte y que nadie descarte una sorpresa con Spanoulis encabezandola.

 

Pero quizás la sorpresa sería aún mayor si el domingo no estuviera el rey de reyes en la finalísima, si Chapu Nocioni no estuviera en una de sus últimas grandes guerras por haber capitulado antes, si Laso no engrosara su ya de por sí extenso palmarés, si Llull no maravillara al mundo baloncestístico con sus barbaridades, si Randolph no sacara a pasear su muñeca zurda de seda, sus brazos interminables para coronar con chapas, boinas y demás prendas accesorias al atacante de turno, si Jaycee, nuestro Jaycee no masacrara el aro rival con todo su amor…

 

No puede haber una final de Euroliga sin el rey de reyes, aunque ya las hubo, pero cuando una final no la juega el Madrid es menos final, como una película que termina sin beso a la chica y un fundido al negro con un emocionado “The end”.

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