EUROLIGA BALONCESTO

Crónica Real Madrid C.F. 95 – CSKA Moscow 85.

Maciulis y De ColoEl partido de los partidos. La lucha por el trono virtual en Europa, gigante contra gigante. Inmejorable regalo de Reyes y un WiZink Center a reventar, con dos espectadores para alcanzar los 12.000. Caldera presta a disfrutar del espectáculo y mermar la moral del invasor. Dos gigantes en horas no tan altas porque no siempre se puede caminar erguido y un punto de diferencia en el resultado para los del este obtenido en el partido de ida, 91 - 90. Aquel que el Madrid pudo ganar, aquel en el que se compitió hasta el fin, que es de lo que se trata. Ya si se vence, miel sobre hojuelas. Cuando se plantea un choque entre los dos mejores ataques, los dos equipos con mayor valoración y las dos escuadras más talentosas del baloncesto continental, no hay premisas más esperanzadoras.
Los dos bloques llegaban a la primera jornada de la segunda vuelta, el Madrid con tres ganados y tres perdidos de los últimos seis y el casi imposible de batir CSKA, con dos derrotas consecutivas. A ver quién cambiaba su tendencia. Esta vorágine de partidos les puede todos, a los de Laso y a los de Itoudis. Incluso a ellos, a los dos entrenadores que han apostado por el espectáculo, por el baloncesto vistoso y de calidad. A este ritmo, cualquiera puede perder en cualquier cancha, incluso en la propia. Y en la propia, el pabellón madridista, sólo Baskonia había robado una victoria. Siempre se compite con más garantías al abrigo de la afición, y más con estos fríos. Pero del frío de verdad llegaban los generales De Colo y Teodosic, que habían estado tocados, pero llegaban aptos para competir. Se trataba de una inquietante amenaza toda vez que se trata de dos piezas dotadas de un talento descomunal que adornan a un equipo al que el Madrid no ganaba desde casi tres años atrás, y los rusos son el equipo que más veces ha ganado al Madrid en Europa. El enemigo era de cuidado, no podemos avisar más veces.
Al turrón. Con la poco habitual ausencia de Draper entre los elegidos para formar la rotación, junto con la ya frecuente de Álex Suárez, serían Llull, Taylor (gran labor sobre las dos bestias más feroces rivales, Milos y Nando para los amigos), Maciulis, Reyes y Ayón quienes formarían el quinteto que Laso propondría de inicio. No iba más. Como dato positivo, apreciábamos que Llull jugaba sin rodillera. Podría ser que incluso estuviera pletórico, o casi, lo cual ya es mucho cuando te enfrentas a un rival de tanta enjundia.
Desde ya y para no comprometer la salud de lectores delicados cardiacamente hablando, diré que el Madrid salió enchufado incluso desde antes de que Pedro Bonofiglio estornudara por primera vez. Nunca nuestros muchachos perdieron la cara al partido y con uno, pocos puntos o algunos más, llevaron casi siempre la delantera, como en el 8 - 2 casi de inicio, pese al 0 – 2 al medio minuto, y que obviamente es mejor que ir a remolque, aunque si es por un punto, 23 – 24, como al final del primer cuarto, se trata de pecata minuta.
Entre el 0 -2 y el 23 – 24, el Madrid no perdió la delantera.
La defensa de inicio por parte de los blancos era férrea y las ayudas no faltaban, algo de agradecer si quieres aspirar a conquistar lo más alto. Poco antes del fin de ese primer cuarto, Llull había intentado y conseguido el más difícil todavía con un triple mandarinesco desde un lateral. El chico de los retos autopropuestos y superados.
Ayón fue el dominador de los primeros compases del encuentro, algo a lo que nos viene acostumbrando Gustavo Alfonso. No entiende de previas, tanteos ni treguas iniciales, saca el machete antes de lanzarse el balón al aire y lo guarda cuando se apaga el fragor de la batalla.
Si Llull es nuestro guía, Doncic es su profeta, y salió al ruedo en el segundo cuarto para demostrar de qué pasta está hecho. Sangre eslovena, escuela blanca. Abría el marcador con un triple tras marear a su defensor, 26 – 23. Los de rojo intentaban asfixiarle, pero el joven talento ya ha aprendido a salir de estas emboscadas. Itoudis miraba a lo alto del WiZink y veía un ajustado 35 – 36. No volverían a estar por delante en el marcador.
Si a la precoz madurez de Luka le añadimos que Maciulis (como en el triple del 40 - 36) y Gus continuaban acertados y al mando de las operaciones, que Treymkins afinaba su muñeca después de un primer intento fallido, colocando en todo lo alto el 50 – 42 y asistencia de Gus, cerrando un parcial de 10 - 2 y que la orquesta Laso interpretaba una melodía con el maestro de Vitoria batuta en mano desde la zona técnica, pues todos felices. Pero el rival era rocoso y la excelencia alcanzó para una renta que no llegó a la decena, cauterizada por el cirujano Itoudis. Pocos equipos pueden soportar el peso de un rival que reparte 17 asistencias en veinte minutos sin marcharse del partido. CSKA estaba ahí. Con 50 - 46 se llegaba al descanso de un descomunal choque de cazabombarderos. Descanso que se haría eterno.
La segunda mitad arrancó tarde por un nuevo problema electrónico, volveremos a los cartones, con un Maciulis cada vez más empeñado en demostrar que lo suyo no sólo se reduce a los intangibles, sino que también le apasionan los tangibles como a cualquier hijo de vecino y desde más allá de 6’75 acuchillaba el aro rojo. Los que se llevaban toda la admiración, no obstante, serían Llull y Teodosic, las estrellas más rutilantes del basket que se disfruta en Europa hoy por hoy, inagotable la calidad de estos dos animales. Sergio anotaría, como muestra, un increíble triple desde unos nueve o diez metros cuando parecía que perdía el balón y finalizaba la posesión, 65 – 62. No era el primero como ya narramos antes, pero este era especial por empatar con los encestados por Alberto Herreros. El próximo triple superará el récord de toda una institución, hoy directivo y cerebro de la sección, que anotó 961 lanzamientos de tres de blanco inmaculado. El último, de glorioso recuerdo.
Para completar la fiesta, el otra vez entonado cazador Hunter inyectaba intensidad en las proximidades de ambos aros e incluso asistía a un Randolph que daba señales de ir volviendo a ser poco a poco el que nos maravilló hace nada, como por ejemplo con un mate y tiro adicional para sumar y dejar el marcador en 71 - 68. Además suponía la cuarta personal de Hynes.
Este tercer cuarto se iba al recuerdo con un resultado de 74 – 70, una ventaja merecida para los blancos, pero insuficiente a todas luces en cualquier encuentro, y más aún ante el vigente campeón continental.
Y el parcial definitivo se iniciaba con un triple forastero que casi igualaba el encuentro, pero entre Doncic y Maciulis sobre todo, el Madrid comenzaba a cimentar una posible victoria. Un nuevo arreón de los de Itoudis colocaba a CSKA a un punto, 84 – 82, aunque Randolph anotaba un triple tras rebote ofensivo de un siempre aplicado Rudy, y Llull conseguía una jugada de dos más tiro libre adicional que casi suponía la sentencia, y visto lo visto después lo fue, porque los rusos ya ni pestañearon. Del 87 – 85 ya no se movieron. Cuatro eternos minutos de esterilidad atacante que los de coach Laso aprovecharon para poner tierra de por medio irremediablemente. La defensa blanca dejaría a los rusos en unos míseros 15 puntos en estos vitales y definitivos 10 últimos minutos, demasiado hasta para ellos. El Increíble anotaría siete de esos últimos 8 puntos de su equipo, quién si no. Los dos tantos postreros serían sendos tiros libres.
Con 95 – 85 se cerraba el espectacular encuentro y puede que una herida que se estaba abriendo en las carnes de Laso, su proyecto, el futuro del equipo, etc., o al menos así parecía vislumbrarse al menos por una parte de la afición, que cada vez iba aumentando más en intensidad los inicialmente tibios silbidos. Nada como una victoria balsámica ante un grande el día de Reyes para proclamar el estado de felicidad en la parroquia madridista. Pura saliva de madre.
Al finalizar el partido, un Laso aparentemente serio pero sin duda interiormente orgulloso, decía que la victoria de sus chicos había sido fruto de un gran trabajo defensivo desde el principio, con pequeños errores de concentración, pero que en líneas generales el equipo había estado muy sólido, que se había cerrado bien el rebote y el trabajo coral había sido bueno. Había datos importantes dentro del juego de su equipo, como el buen ratio de asistencias y recuperaciones, que todos los jugadores habían crecido y habían estado sólidos en los uno contra uno. El trabajo en líneas generales lo calificaba como muy bueno, así como el individual, también positivo.
Antes de valorar lo más destacado, habría que decir que el equipo funcionó como tal, pero siempre sobresalen algunos. En este caso, Llull fue el mejor, parece que ya superadas sus molestias articulares, con 24 puntos, 3 rebotes, 6 asistencias, 1 robo y 24 de valoración. Muy bien Ayón, siempre dispuesto a ir a la guerra y distribuyendo desde posiciones interiores, con 14 puntos, 3 rebotes, 4 asistencias, 4 robos y también 24 de valoración. Enorme trabajo de Maciulis, quién sabe si en su mejor puesta en escena de blanco, muy bien en defensa pero también en ataque, aportó 20 puntos (4 triples), 2 rebotes y 19 de valoración. Randolph sumó 14 puntos, 9 rebotes y 12 de valoración, la misma que Doncic, que aportó 9 puntos, 1 rebote y 5 asistencias. Felipe y Rudy (excelso su trabajo sucio, rebotes, defensa, robos, asistencias…) destacaron por su brega y por los 6 puntos, 3 rebotes y 4 asistencias, y los 6 rebotes, 2 robos y 4 asistencias respectivamente. Hunter muy sólido en el rebote y Taylor muy concentrado en defensa. Una vez más, preocupante el bache de Jaycee, que no anotó, pero es que sólo lanzó dos veces.
Después de este dulce roscón, posiblemente en su mejor partido de la temporada, el Madrid queda como estaba en segundo lugar, pero con el basket average a favor con respecto a CSKA. Todo detalle de este tipo es positivo dado lo apretado de la cabeza de la tabla, lo que queda por delante y los que vienen por detrás.
Sin tiempo para celebrarlo, en menos de cuarenta y ocho horas llega otro partido de ACB. Así es la competición. Enlazar un partido con otro es bueno cuando hay que rumiar la derrota, pero es un fastidio cuando lo que pide el cuerpo es paladear una victoria de prestigio, aunque estamos aquí para disfrutar de algo superior, que es una nueva función de la compañía de espectáculos Pablo Laso. Si pestañeamos nos perderemos el salto inicial. Andorra nos visita.
 
 

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