EUROLIGA BALONCESTO

Crónica CSKA Moscú 91 - Real Madrid C.F. 90.

CSKA RandolphBien, el asalto al fuerte soviético era una dura y colosal piedra en las aspiraciones del fornido equipo de Pablo Laso. Llegaba el campeón de 2015 al feudo del de 2016 para zurrarse y a ver quién caía primero. Dos plantillas de ensueño, todo un lujo después del expolio al que la NBA nos ha sometido estos meses últimos a quienes gozamos del basket en el viejo continente. El choque prometía emociones fuertes y a fe que las hubo en la imbatida cancha Aleksandr Gómelski del CSKA de Moscú.

Los blancos salieron camuflados a la nieve y así golpearon sin piedad a las tropas locales para sentar las bases de un encuentro que se prometía duro y con refriegas continuas. Laso y los suyos estaban concienciados de lo que había que hacer y les salió bien, pues consiguieron maniatar a los de Itoudis y terminar ese primer asalto con un esperanzador marcador de 17 – 26, que unos minutos antes había sido de 8 – 21. Doncic y Reyes de salida, eran las sorpresas que D. Pablo tenía preparadas al poderoso propietario del búnker. Se mascaba no obstante el despertar local en esa recta final del primer parcial. Mejores en rebote y sobre todo en la defensa sobre las dos bestias rojas, De Colo y Teodosic, el Madrid había seguido al pie de la letra el plan trazado por el entrenador vitoriano. Aunque el aficionado de a pie se las podría haber prometido muy felices, Laso estaba más mosca que un pavo con las Navidades a unas semanas.

Y es que en el segundo cuarto se vino la revolución rusa. Llegaban por todas partes, y los primeros minutos fueron una verdadera pesadilla, de las de despertarse sudando como si un cubo de nieve te hubiera caído por encima. Mejor anotación local, a chorro, y reacción también en cuanto a defensa y poder reboteador, mientras el Madrid al suelo, como ese mítico boxeador que hoy nos dejó para siempre. Pero como él, este Madrid no había dicho su última palabra. Con 49 – 38 se llegaba al fin del segundo round y descanso. Cada uno a su banqueta, rincón y esponja con agua milagrosa para restañar heridas. La nariz en su sitio y alguna pieza dental desaparecida. Nada grave. ¿O sí? Un 32 – 12 en el segundo cuarto, sería insoportable para casi cualquier equipo que no sea tan grande como el Madrid ni disponga de un arsenal semejante.
Decía Pablo Laso en ese momento que el equipo había hecho más méritos que los que reflejaba el marcador para no tener en contra esa diferencia de once puntos. Lo malo de este deporte, es que los tiros libres valen uno, los lanzamientos de dos valen dos y los triples, tres. Perogrullo dixit.
Sobre todo en el primer cuarto, importantísima la aportación de Maciulis en defensa y 9 puntos de Doncic, apareciendo con asiduidad en ataque hasta ese momento.
Arrancaba la segunda mitad con Llull anotando y reduciendo ventajas en esos primeros minutos hasta una mínima de 59 - 53. El escuadrón formado por Llull, Maciulis, Doncic, Reyes y Ayón, iba a ser el encargado de empezar a derribar la barrera de los diez puntos y comenzar la escalada a la cima de la victoria. Ayón endurecía las condiciones del tráfico en la zona y recibía la tercera personal. Llull cargaba con la responsabilidad, repartiendo juego y adoptando riesgos para intentar recortar diferencias. Los locales no lo veían tan claro y perdían los nervios recibiendo una técnica tras fallar una canasta franca. ¿Sería ese el punto de inflexión? Veríamos.
Se producía en esos momentos un intercambio de canastas que en nada beneficiaba al Madrid, el que iba por debajo en el marcador y le interesaba que el contrincante no anotara para sí hacerlo él, única forma de restar. Faltaban intensidad defensiva y fluidez en ataque. Así no se puede remontar. Pese a que antes habíamos asistido a un amago de acercamiento, se colocaba de nuevo trece arriba CSKA, con la lección muy bien aprendida, con un cuidado scouting, tomando decisiones como flotar a Doncic por fuera de la zona de tres puntos, lo que hacía dudar al joven esloveno. Luego acudían como fieras en las ayudas y cerraban todas las vías de pase.
El Madrid, pese a no conseguir controlar el partido, anotar con fluidez ni defender con eficacia, no arrojaba la toalla. Se acercaba de nuevo a la barrera psicológica de los diez puntos con 59 - 49, tras anotar un triple Llull, a raíz de un rebote enorme de Doncic en ataque, que quedaría en 59 - 53 después de una canasta de Jaycee en penetración y otro triple de Llull. Todo ello obligaba a pedir tiempo muerto a los locales. De ese tiempo muerto nació un nuevo demarraje y el Madrid otra vez a bracear para no ser engullido por el remolino.
Jaycee era el salvador en esos minutos finales, llegándose al final del tercer cuarto con 73 – 68. de nuevo el Madrid ganaba un cuarto, como había hecho con el primero, pero no era suficiente. Si no hubiera sido por el segundo…
Aunque al inicio del último cuarto la diferencia volvió a estar en tres puntos nada más, De Colo volvió a abrir brecha para su equipo. Con 78 - 72 estábamos a 8 minutos del final y Draper jugando de nuevo los momentos importantes, los de la remontada. Obviamente, es lógico contar con un director de juego especializado en defensa si quieres anotar y que el rival no lo consiga.
Un Anthony Ramdolph que hace unas semanas deslumbraba, ha perdido ese impulso que parecía haber tomado, esa adaptación relámpago que a todos nos hacía relamernos. El ala pívot sufría una técnica que evidencia su atoramiento en el juego actualmente, pese a querer sacudirselo con dos mates rabiosos. Lanzó con su defensor en la chepa y cometió dobles. Por protestar una posible falta, colleja arbitral. Con ese, eran 13 balones perdidos por parte del Madrid, por 12 del CSKA. No era una gran diferencia, pero si a eso le sumamos los mejores porcentajes en lanzamientos de dos y de tres de los locales, más la mayor cantidad de rebotes capturados... Laso sí ganaba a Itoudis en ese aspecto.
Como queriendo aportar emoción al choque, se pitaba inmediatamente una técnica a De Colo. O compensación arbitral. Después de esas dos técnicas casi consecutivas, llegaba el robo de un Draper muy activo, incluso por encima de lo legal a veces, y el contraataque y triple de Rudy, que significaban el 81 - 77. Tras anotar los locales, Laso pedía tiempo muerto. Su equipo había empezado a atacar el partido con manos rápidas e intensidad en defensa. No todo estaba perdido, pero el tiempo apremiaba. Draper, Rudy y Hunter crecían en defensa.
Otro contraataque del Madrid, dirigido magistralmente por Llull, culminaba en triple de Rudy de nuevo y 85 - 80. La defensa era bastante aceptable, pero ante los rusos tiene que ser excelsa, y el ataque límpido para poder remontar.
El cansancio local, la tensión del choque, o el aumento de intensidad defensiva de los forasteros, hacía que los rusos erraran una jugada vital para continuar dominando el choque con cierta tranquilidad. En ataque, el balón llegaba a Felipe que luchando contra cuatro colosos sacaba una falta de oro. Importantísimo el capitán, un jugador especializado en pelear con todos, y que se siente como en casa percutiendo el hígado de los rivales.
Con 85 - 82 y a tres minutos y medio del final, llegaba la hora del Madrid. Tuvo el partido en sus manos con tres lanzamientos, dos de Rudy, uno de dos y otro de tres y un triple de Draper… todos sin anotarse. Ocasión de oro para haberse acercado definitivamente e incluso haberse puesto por delante. Los que dominaban el marcador eran ligeramente superiores en rebotes, porcentajes de dos y de tres. Por poco, pero mejores. Las matemáticas casi nunca fallan.
Parecía que se había malgastado la última bala, pero con 87 - 82 y a 1’25” del final, llegaba un tiempo muerto pedido por Laso. El 87 – 84 subía al luminoso tras triple fallado por Llull, rebote y canasta de Ayón. Se agotaba la diferencia local, pero el tiempo lo hacía de forma inexorable.
La defensa madridista era intensa, pero el ataque no era demasiado fluido, como en la entrada a canasta de Llull fallada, bien es cierto que por una personal que no era pitada, pero el Titán reboteaba y anotaba el 87 - 86. 26 segundo para el final y tiempo muerto con todo el pescado por vender o parte de él al menos.
A Laso le habían funcionado bien los quintetos “pequeños” en este tramo final del partido, con Llull a la cabeza adoptando responsabilidades, asistiendo y lanzando, pese a no estar tan inspirado como suele ser habitual. Un Madrid encorajinado que supo sufrir la segunda mitad para llegar con opciones al último minuto.
En esos segundos, a Luka se le vieron las costuras, la bisoñez inherente a su edad, al sacar mal y cometer personal sobre el mejor lanzador de libres de la Euroliga, pero no es el culpable de haber perdido el encuentro. Llegaba la sucesión de personales y jugadores acudiendo a la línea de tiros libres, con Llull corriendo para salvar la vida, Jaycee robando un balón estupendo y un postrero lanzamiento forzado de tres por parte de Llull buscando la prórroga no llegaba a buen puerto, aunque Maciulis palmeara para dejar el marcador final en 91 – 90. No pudo ser.
¿Lecturas positivas? Una vez más, tener a un jugador como Llull, el más acertado, máximo anotador y asistente del equipo. También importantísimos Luka, Maciulis y Carroll. Doncic de nuevo, máximo reboteador seguido por Ayón. A destacar el hecho de tutear a uno de los mejores equipos de Europa en la cancha más complicada del continente. Por otro lado, ganar tres cuartos de los cuatro es loable, pero perder uno tan claramente pesó demasiado.
Por la parte negativa, sufrir dos derrotas en cinco días contra sendos rivales directos por la Euroliga, aunque los dos fuera de casa. El equipo parece atascado en su evolución, sin fluidez ni continuidad en defensa ni en ataque.
Salimos volando del frío soviético hacia la capital del Reino. A ver si los isleños traen aire templado que lama las heridas de nuestros bravos soldados. Esto es un no parar.

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