EUROLIGA BALONCESTO

Crónica Real Madrid C.F. 90 - Galatasaray Odeabank Istanbul 81.

ArtículoNo fue tan sencillo. Ni mucho menos. Lo que a priori parecía un día más en la oficina, se convirtió en un simulacro de incendio que casi termina en ensayo con fuego real. Imagino que Laso en las entrañas del Barclaycard haría temblar los cimientos del coqueto pabellón con una de sus famosas, temidas y necesarias Lasinas para evitarlo. Nos visitaban los colistas, sí, pero vigentes campeones de Eurocup. De mancos, nada, monadas.

Bien. De inicio, el marcador apenas se movía. Es un decir. No se movió cuando debió hacerlo porque el virus que lo tiene constipado esta temporada no acaba de irse, y vimos pasar por él hasta tres equipos distintos "enfrentarse" al Madrid. A saber, Olimpyakos, Baskonia y Galatasaray. A la tercera iba la vencida. Cuando el luminoso con los jugadores ya reflejados en él comenzó a cobrar vida, algunos que aún no pisaban la cancha, veían sus estadísticas engordadas por arte de magia informática. Qué cosas... Esto con los cartones no ocurría.

Llull, Rudy, Maciulis, Randolph y Ayón era la batería de inicio, con Draper y Álex sin vestirse para la fiesta. Declaración de intenciones de Laso. Quizás tenía a Dontaye enclaustrado viendo vídeos del bicho que se le avecina el domingo...
Ambos equipos demarraron tirándose hasta las zapatillas pero no acertaba nadie, por fortuna para la integridad del rival. Si alguien por fin enderezó o ajustó el punto de mira, fueron los turcos, a quien muchos parecían no conocer viendo con asombro el elevado acierto mostrado desde más allá del arco de tres puntos. Este equipo juega a eso y lo hace muy bien. No somos los únicos insensatos.

Los visitantes le daban al local de su propia medicina, fuego aéreo contra fuego aéreo. Balones por doquier cayendo dentro del aro desde distancias considerables con mayor acierto de los de rojo, mientras Laso desgastaba el parquet sacudiendo mientras tanto su poca poblada cabeza. Los planes no estaban saliendo bien y peor que se iban a poner aún. Las muñecas turcas se dirigían a la yugular de los hispanos cuyas defensas se encontraban en un estado alarmante de baja actividad.

Poco a poco el Madrid fue entrando en juego, primero con Ayón y Llull, para que las distancias fueran gracias a ellos reducidas pero casi siempre visitantes y a base de triples. Así se desarrollaron a velocidad de vértigo los dos primeros cuartos. Con sólo dos puntos de desventaja visitante, demasiado poco premio para el acierto mostrado y poco castigo para la desidia local, se llegaba al descanso y el público afinando el oído para escuchar los "consejos" de Laso en el vestuario.

Así, con la tranquilidad de quien cree tener la victoria asegurada por su aparente superioridad física, técnica y mayor fondo de armario (cuántas veces hablaremos de ese frondoso ropero esta temporada...) nos habíamos plantado más allá del ecuador del choque sin nada resuelto. Unos por otros, el marcador sin decidir.

Llull, con 13 puntos en el tercer cuarto, daba un golpe de autoridad en nombre de los suyos. Randolph subía el balón, taponaba (3 asistencias, 2 robos, 1 tapón...) y hasta en diez ocasiones le vimos capturar la bola repelida por el aro al germano estadounidense. Hunter se ha convertido en uno de los nuevos ídolos de los asiduos al Palacio de los deportes, un tipo que va con todo a por todo y que no le falta casi detalle, enamora desde el punto de partida. Se le ve con hambre y condiciones para rebañar, rebotear, taponar, infundir respeto y trabajar por encima del aro con soltura.

Mención aparte de nuevo para los de casi siempre. Felipe, Maciulis y Taylor con gotas de coraje, aportando intangibles y sumando. Y el nuevo ídolo de la hinchada blanca, Lukita, con muchos minutos importantes sobre la cancha. No me entiendan mal. La ausencia de un tercer base en la convocatoria para este choque que pudiera robarle minutos, no es óbice para que dispute con frecuencia un buen puñado de ellos sin que esto mismo nos llame la atención. El hecho de que se deje el alma por cada balón que escapa de su control, el de sus compañeros, del rival o el afán de robárselo, sus condiciones atléticas y técnicas le han hecho merecedor del cariño del público y de la confianza de su entrenador. Doncic se lució de nuevo en un más que notable partido asistiendo, reboteando, jugando al poste y protagonizando uno de los momentos del evento, rompiendo cinturas para adornarse en una mate que levantó al Barclaycard. Un brutal talento que paladeamos cada segundo, sabedores de que la golosina no nos durará demasiado.

Y lo que decía, los de siempre. Un Rudy providencial en robos, rebotes y en defensa en varios trances del encuentro y en ataque, con un triple sobre la bocina final que ampliaba esa aparentemente medio cómoda victoria de los blancos. 13 puntos con tres triples, más cuatro faltas recibidas, 3 rebotes, 6 asistencias... Rudy es mucho Fernández.

Y Llull, siempre Llull. Un Sergio al que da la impresión de faltarle frescura física. sea o no así, máximo anotador al final del partido con 23 puntos. Como su número, como su leyenda, cada día creciendo más... pese al run run de que no es el que era. ¿Y cómo era? Cuando se trata de un superdotado en cuanto a piernas, reprise, salto, cambios de ritmo... en cuanto bajas una décima se nota, aunque aún te desplaces a una velocidad considerable y sigas rompiendo pelvis enemigas. En defensa parece haber aflojado un punto. Misterios que sólo su entorno más cercano conocerá. Quizás no está a tope de forma porque es pronto, quizás arrastra alguna molestia física, quizás no quiere exprimirse ante la avalancha de partidos jugados la semana pasada y lo que se avecina... Quizás, quizás, quizás nos ha acostumbrado demasiado mal.

Con 74 - 71 y a cinco minutos del final se colocó por fin la primera piedra del despegue en el marcador por parte de los de Laso. La defensa había alcanzado (¡albricias!) una temperatura aceptable, que no óptima de funcionamiento, y aunque Ayón ya había sido eliminado, eso ya no es tan grave por la aportación de las dos bestias pardas adquiridas en el mercado estival por mor de la solvencia de la secretaría técnica, y por un Felipe que aún renqueante por un leve problema físico, aportaba experiencia y garra contagiosas. Lo demás era cuestión de tiempo. Circulación exquisita, balón por la espalda de Rudy a Jaycee que ya apuntaba al aro desde la esquina y pum, pum, pum. Esa fue la puntilla psicológica para los esperanzados otomanos. Lo habían tenido ahí, a nada, pero el gigante ya se desperezaba.

Encargada la victoria número cuatro de cinco en esta edición de la nueva Euroliga. Como colofón, ataque fugaz de Llull que asistía a Rudy para clavar con precisión balear el triple que redondeaba el marcador hasta los 90, mientras atronaba en el por fin alborozado pabellón el pitido final del partido.

Sirva este susto como aviso para lo que viene, que son curvas cerradas y en pendiente ascendente. Que los muchachos de Laso estén ídem si no quieren despeñarse. Queda mucho, pero más vale mirar desde lo alto al resto que hacerlo desde el fondo del barranco.

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