EUROLIGA BALONCESTO

Crónica Real Madrid 87-91 Saski Baskonia.

Ayón BaskoniaQuien a hierro mata a hierro muere. Alguien muy sabio lo dijo hace ya muchos años, y esta otoñal noche volvió a cumplirse el dicho. El arma más mortífera del gigante blanco, el que es su seña de identidad y talón de Aquiles en alguna ocasión como hoy, fue el que le atravesó el alma. Los triples, uno al final, decisivo, para acuchillar la reacción que parecía triunfal unos minutos atrás después de un partido más que regular, y no en cuanto a nota, sino que no fue bueno.
El quinteto de Pablo Laso echó a andar con un quinteto formado por Llull, Rudy, Taylor, Trey y Ayón. Thompkins es siempre titular en Euroliga, aunque hoy la alegría le duró bien poco, siete minutos escasos y muy gris su aportación.
El partido no era para andar, sino para volar. Eso era lo que hacían los de verde, con Ayón y sus siete puntos, que eran los que llevaba el Madrid en esos primeros compases, como único misil antiaéreo. El 0 - 7 de inicio en poco más de un minuto, dejaba a las claras que alguien no se estaba enterando de que el baile había comenzado. El Madrid se mostraba poco intenso y el Baskonia todo lo contrario: hiperactivo en defensa, muy productivo rozando la perfección en ataque, y reboteando con aplastante superioridad en ambas zonas. Podría haber hecho más daño aún, pero no fue tanto, quedándose el máximo en más nueve. Y gracias a que el Titán se comportó como un ídem...
Un recuperado Maciulis daba relevo a Taylor a los tres minutos. Jeff no aportaba lo esperado en defensa y ya sabemos que en ataque no está acertado. Sigue perdido. No encuentra su lugar, ni su ritmo ni el peluquero adecuado. El lituano tampoco sería la panacea, puede que el virus aún le estuviera zarandeando la trócola.
Tiempo muerto de Laso viendo que los visitantes tenían el partido muy estudiado y en el marcador se ampliaba la brecha a pasos agigantados. Había que tomar decisiones sin más dilación.
Quizás sea solo impresión mía, pero pareciera que al Madrid le hubieran atropellado estos dos partidos tan seguidos. Quizás aún sufriendo las consecuencias o pensando en la tensión vivida en el partido del pasado domingo ante los rivales más encarnizados de la capital. Quizás ya vislumbrando el que se viene pasado mañana... Quizás es que cuando no estás en lo que estás...
El tiempo de Laso no resolvió gran cosa, el Madrid hacía la goma y los baskonistas se iban a nueve de nuevo. Un Madrid a tirones, es aún un equipo temible, pero menos si su mascarón de proa se llama Llull y está abollado.
Randolph saltó a pista a dos minutos del final del cuarto y su aportación ayudó a recortar distancias. Ayón continuaba sobre el parquet y nos deleitaba anotando en un contraataque al galope en solitario. Por eso puede, porque es un pívot de bolsillo, de los que le gustan a Laso, no los armarios. A ver quién arrastra un mamotreto así jugando a la contra o en posesiones de quince o veinte segundos.
Hunter relevaba a Ayón a minuto y medio del final del cuarto y Luka a Jonas. Lo mismo sirve el chaval para sustituir a Llull, que a Rudy que a Taylor o al de Kaunas.
30 puntos en contra en un cuarto, demasiado. Y lo que no sé si es peor, el Madrid atascado en ataque.19 - 32 al final de los diez minutos iniciales, con susto de Rudy, que quedó, menos mal, en un doloroso golpe de rodilla con rodilla. Tan preocupante la mala defensa como el flojo ataque blanco. A buen seguro que Laso iba a poner firmes a sus soldados.
Jaycee Carroll saltaba de inicio en el segundo acto para intentar dar aire a la escasa producción ofensiva. Visto el homenaje que se dio en este mismo parquet dos días atrás, qué mejor opción...
A esas alturas la ventaja no decrecía, más bien al contrario. El más 15 foráneo era cortado por un triple del imberbe Luka. Pero no sería el fin de la sangría, pues en el ecuador del cuarto, eran 17 los puntos que llevaba de ventaja Baskonia. Menos rebotes, mal porcentaje de lanzamientos y un Sito que tenía a los suyos al límite de la perfección.
Con el ya citado Luka en cancha, la entrada de Felipe, rebañanado todo lo que volaba y Randolph como principal foco de anotación, pareciendose al que deslumbró Rusia, el Madrid amagaba con remontar. Doncic anotaba otro triple y continuaba demostrando que lo suyo no es de este mundo, el de los seres humanos de andar por casa, y menos cuando más calienta el sol. 34 - 46. Un triple de Carroll, una personal arrancada por Luka y Laso animando a su más joven pupilo desde la banda como solo se anima a un hijo, el público enfervorecido. Dedo hacia abajo.
De tal pasta está hecho este chico, que entró con todo a rebotear en ataque incluso llevandose un codazo de Randolph. Sangrando y todo, los árbitros tuvieron compasión, fue capaz en el ataque siguiente de subir la bola y ver a un Jaycee sorprendentemente solo que se comió el aro reventandolo a una mano y levantando en volandas a un Barclaycard enfervorecido con dos de sus niños mimados a los mandos de la diligencia (uno mas que otro. Niño, quiero decir).
Tiempo muerto de Laso para afrontar la última posesión que no dio fruto, para reflejar un marcador de 43 - 54 al descanso. Mérito de los vascos, que anotaron de todos los colores, movieron el balón con criterio y defendieron con furia. La batalla del rebote comiendo en la zona del Madrid, una de las claves. Mal atrás, mala selección de tiro y falta de actitud era el análisis de coach Laso en ese momento. No es habitual ver a unos blancos con una anotación tan corta, cerrando tan mal los rechaces en su fuerte ni recibir tantos puntos. Al menos habían ganado de dos este segundo cuarto. Poco bagaje, pero no estaba todo el pescado vendido.
Un cinco aguerrido pero de calidad, formado por Felipe, Llull, Doncic, Ayón y un recuperado Rudy arrancaba la segunda mitad, que empezó con una canasta de Llull y otra de Ayón, máximo anotador del Madrid hasta ese momento y al final del partido, el equipo a siete, el público en pie y nuestro Pedro comiendose el micro. El éxtasis llegaba al ponerse los blancos a cinco después de una canasta en contraataque de Reyes. El cambio de actitud era más que palpable. Rudy era otro soldado que estaba reenganchandose al partido y un Llull cansado a todas luces robaba y alternaba el puesto de uno con Luka, pese a que el aro lo veía borroso.
Doncic y Randolph ponían la guinda al pastel y el 66 - 67 en lo alto del abarrotado y enfervorecido Barclaycard. Había partido. Con 66 - 69 terminaba el tercer cuarto, desperdiciando los blancos la última posesión al no superar el medio campo antes de los ocho segundos. Tanto nadar en el cuarto para que venga una ola y te haga tragar dos litros de agua.
El parcial era de 23 - 13 en este cuarto de inflexión. Un partido a diez minutos con tres puntos de desventaja, pero con el cansancio llamando a la puerta. Veríamos a quién le pesaba más.
De inicio, una jugada de las que tanto nos gustan, dos más uno de Luka contra el mundo, que colocaba a el 70 - 71 en el marcador. No me resisto a destacar que Laso mantuvo al esloveno de ciudad natal inescribible todos los minutos de la segunda parte hasta ese momento. Personalidad del míster y de su pupilo. Empate a 71. Luka robaba un balón en la siguiente jugada y el maestro le premiaba con unos minutos de descanso y el homenaje de un público puesto en pie, para que entrara el maestro Llull.
Para qué sentarse, Jaycee sacó su fusil para clavar el 74 - 71 desde más allá de los 6'75. La receta prescrita por el Dr. Laso y su cuerpo técnico habían curado al enfermo. Buena defensa, cerrar el rebote, ataques rápidos, calidad y desparpajo, y todo el trabajo baskonista hecho pedazos. Aún quedaban minutos, siete, para ver el desenlace de esta película de suspense. Jaycee continuaba a lo suyo como acostumbra cuando se le calienta el Winchester y dejaba el parcial en 10 - 0. Hunter le secundaba taponando, reboteando en ataque, anotando dos puntos más uno adicional y colocando a su equipo con seis puntos de ventaja. Casi nada.
Disfrutamos a continuación del más difícil todavía, el acabose. Nuevo rebote en ataque de Hunter y pase por la espalda sin mirar para el mate de Randolph. Baloncesto - Madrid - espectáculo. 81 - 73 a cuatro minutos y medio. Ahí tuvo el Madrid el partido, pero no supo rematarlo. Perdonen que les cuente el final.
Los de verde colocaron el 81 - 78 y tiro libre adicional. Laso tenía que pedir tiempo porque el partido había estado perdido, encaminado y de nuevo en peligro. se veía obligado a ajustar los tornillos del portaaviones. A esas alturas era evidente que el desamor de Llull con el aro continuaba pese a terminar con 13 puntos, pero no en dirección de juego, pundonor en defensa y labor de equipo. Intachable siempre el genio de Manacor.
El rebote ofensivo le dio la ventaja a Baskonia y le hizo ganarla al Madrid luego cuando equilibró esa vía de agua. Por desgracia para nosotros, el parche no fue definitivo y la nave acabó yéndose a pique.
Con 82 - 81 se vio el miedo en los ojos de los jugadores. Ataques erráticos, timidez en la decisión de lanzar. Unos a perder y otros a ganar. Balón de mano en mano sin que nadie lanzara hasta que Felipe sacó una personal y dos lanzamientos libres a la saca.
Era el momento de los jugones y Laso mandó a Doncic a pista para disputar los dos minutos de vida o muerte, los de verdad, y diecisiete años. Ya no lo digo más. A sesenta segundos del final, alguien de verde descerrajó un triple de ocho metros y situaba dos puntos arriba a los visitantes. Laso se temía lo peor, pedía tiempo muerto para organizar a las tropas y con ello intentaba rematar lo que tanto había costado levantar.
Dar la responsabilidad a cuatro pequeños, Llull, Carroll, Rudy y Doncic con Felipe, era la estrategia para el sprint final. Al menos en ataque. Dos puntos y uno adicional de Felipe para poner de nuevo al Madrid por delante daban la razón al entrenador. 87 - 86, y Randolph y Hunter para defender el ataque rival. Cambios de balonmano.
Ahí terminaría la vida de este Madrid. Una canasta de dos, un robo y triple descomunal de los de verde, les colocaban con cuatro de ventaja. Quedaban diez segundos para el final y se pedía el tiempo muerto del imposible. Más complicado no podía estar. 87 - 91 era el marcador y ya no se movería.
Desde tiempos inmemoriales no se olía por aquí el olor de la derrota. En Euroliga, desde aquella noche tan triste pero especial, la del aplauso emocionado de la afición a aquel Real sin descanso veraniego ni pretemporada que caía ante Fenerbahce. Nadie intuía que aquella caída supondría el despertar, el resurgir del coloso.
El Madrid no supo cerrar el partido cuando tenía un más ocho a pocos minutos del final. Ahí estuvo la clave. Una de ellas. Mal porcentaje de triples, 4 de 17, mal cerrado el rebote en muchas fases, desacertados en ataque sobre todo al comienzo y un Baskonia muy entonado, son algunas más. Sería injusto también el no reconocer que se perdió más por mérito del rival que por demérito local. Si no tienes el día y al enemigo le sale cara...
Por sacar algo positivo, la resistencia a la derrota, el arreón del equipo para remontar una máxima desventaja de diecisiete puntos, la descomunal demostración de Luka Doncic (15 puntos, 6 rebotes y 24 de valoración), un Ayón que vuelve a ser importante y Randolph y Hunter que conectan a la perfección con afición y compañeros.
Perogrullo lo dijo: no se puede ganar siempre, ni siquiera cuando eres el Real Madrd C.F. Nos vamos a Milan. El jueves más. Esto no cesa ni hay quien lo pare.

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