EUROLIGA BALONCESTO

Crónica Real Madrid 83 - Olympiacos 65.

Olor a napalm, neblina y pertinaz lluvia. Pinturas de guerra en los tensos rostros.  Todo preparado para iniciar una campaña a todas luces apasionante e igualada con el Madrid entre los máximos favoritos. Veremos quién sobrevive a tantas emociones, resbalones, tropezones y demás “ones” y maletas perdidas en el aeropuerto de aquí hoy y allá pasado mañana. Y formato nuevo, no nos despistemos, a ver si nos vamos a quedar tirados en una curva camino de Estambul.

Llull, Taylor, Rudy, Thompkins y Ayón formaban el primer escuadrón de asalto al trono europeo cedido provisionalmente. Señorío obliga. El 23 y el 5, más el 7 que saldría desde el cascarón del banquillo, serían los pilares sobre los que el Madrid cimentaría su primera victoria.

De inicio, sufrimos un leve pero dominante arranque de Olimpiakos, hasta que Llull despertó al abarrotado Barclaycard con dos triples limpios, aunque ninguno es sucio. Luego Rudy y Ayón le secundarían en la anotación, defensa, rebote e intimidación a un rival que no entiende de canchas hostiles. 

Con el luminoso ya equilibrado por los locales se sucedían las distancias cortas, que es donde un hombre se la juega, y alternancias en el marcador. Incluso Taylor aportaba puntitos desde la esquina pese a estar mentalizado para desarrollar su rol defensivo con acierto.

Terminaba un trepidante primer cuarto de desperezamiento general  con 10 puntos en ocho minutos y medio jugados por Llull. Después de descerrajar otro lanzamiento desde más allá de los 6’75 m, serían 13 puntos en 9 tiros con tres de tres en triples. 15 tantos en el primer cuarto. No hace falta decir nada más.

 Ya metidos de lleno en el encuentro, dio  comienzo el segundo asalto con todo el arsenal defensivo en pista por parte de Laso. Randolph, muy adaptado al equipo. Hunter, tan motivado como siempre, pero especialmente desacertado para lo mal que nos ha acostumbrado en su breve estancia hasta ahora, frente a sus ex compañeros, parcial de 7 a 2 de inicio y más ocho en el marcador.

 Por cierto, para ver y no parar de disfrutarlo una y otra vez el mate inhumano partiendo desde la derecha del ataque blanco, botando con su mano buena y abusando del aro. Un portento físico y técnico este Anthony Randolph que se va adaptando a su rol no tan protagonista entre esta pléyade de estrellas refulgentemente blancas.

 En el minuto final del primer parcial y los primeros cinco del segundo, con Draper y Doncic dando aire a Llull sin que bajara el ritmo ofensivo y defensivo del Madrid, aunque no se despegaban los blancos en el marcador por la sangría que suponían los rebotes ofensivos griegos, un mal endémico de este brillante equipo. Pero la perfección no existe, aunque estamos trabajando en ello.

 42 – 40 era el marcador al descanso después de haber contado los locales con una máxima de 8 puntos de ventaja. El Madrid había circulado con acierto el balón, pero Olympiacos dominaba el rebote y poco a poco había ido bregando para no irse del partido. Brazada a brazada conseguía no ser arrastrado por la resaca. Ya sabemos que a este equipo hay que matarlo siete o catorce veces antes de ganar la batalla, aún a riesgo de que remonten en el túnel de vestuarios.

 Una antideportiva de esas de nuevo cuño y que aún no sabemos si está bien o regular señalada, de Spanoulis a Llull daba la primera mini ventaja del Madrid, 47 – 42 en el tercer cuarto, que se rompió con un posterior 0 – 7 griego, brazada a brazada, cortado a machete por Rudy con un triple.

 Porque esa era quizás la gran noticia: Rudy aportando en todas las facetas del juego, rebote ofensivo, defensivo,  anotando cuando más calienta el sol, la luna o ninguno en la lluviosa y otoñal noche madrileña, y vivo en defensa, aportando en cada forma y manera posible. Será verdad lo que confesaba el otro día, que se encuentra cada día mejor. Aún echamos de menos sus penetraciones estratosféricas, pero todo se andará. Gran tercer cuarto en rebote ofensivo de Trey, por cierto, aunque no tan fino en anotación como de él esperamos y tanto lució contra Oklahoma, por poner un ejemplo cercano.

 Cuando el marcador señalaba un 58 – 51, se estaba cerrando un parcial de 8 – 0 a manos de Rudy y tiempo muerto foráneo. De poco sirvió el toque de corneta, porque el fin del tercer cuarto llegó con más 12. 

Sin embargo, la recta final del encuentro se inició con la enésima resurrección helena. Laso no se fiaba y bien hacía en no hacerlo, tirando de Felipe y sus anchas espaldas. El gran capitán y el ya no tan joven Doncic arrearon definitivamente las ventajas.

Y es que puede parecer que el partido fue sencillo, pero no. Todo él un continuo ir y venir de  diferencias, con unos griegos que jamás dan el partido por perdido, salvo ya en los minutos finales, donde la ventaja se amplió con algo más de alegría hasta ese +18, no apto para menores. Combate ganado y cerrado en la última posesión por “el increíble” y que cada partido nos hace tirar del diccionario de sinónimos. Este Llull… Remató la faena con un manejo primoroso de la bola para irse acercando a la línea de 6’75 con Spanoulis reculando y triple sobre Kill Bill para cerrar con ese redondo 83 – 65 y 22 puntazos.

 Lo que tanto venimos recalcando en estas primeras semanas de temporada, la calidad y cantidad de efectivos con que cuenta Laso, fue clave. Esa clave es la que le saca una sonrisa al bonachón de nuestro coach. El banquillo del Madrid fue capital. No por primera vez ni por última, sin duda. Anotaron todos los que jugaron, y en mayor o menor medida todos sumaron.

 Primera victoria en Euroliga y tercer partido oficial ganado de los tres disputados. Unos cuantos detalles por pulir, la maquinaria aún en periodo de rodaje, los engranajes aún chirriando en algunos momentos, pero la calidad de los materiales es inmejorable. En breve alcanzaremos la velocidad de crucero. La capital otomana queda menos lejos.

 

 

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